Blog OFICIAL de la Real y Venerable hermandad Sacramental, Carmelitana, Fervorosa y Devota Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, María Santísima de la Piedad, Santa Mujer Verónica y Santos Cosme y Damián

LA HERMANA CRISTINA

LA HERMANA CRISTINA.


Notas tomadas del libro "Vida y Recuerdos de la Hermana Cristina"  ( Isamael Bengoechea OCD)
y de  "La Sonrisa interminable de Dios"  (José Vicente Rodríguez OCD)
 
Cristina de los Reyes Olivera ( Hª María Cristinaa de Jesús Sacramentado) nació en Sevilla, en la calle Clavellinas,  el 7 de julio de 1890 y bautizada el 28 del mismo mes y año en la parroquia de San Juan y San Pedro de Sevilla por el cura Tomás de Ramos Hidalgo.
 
Sevillanos fueron sus padres, José de los Reyes y Elisa Olivera. De Sevilla también sus abuelos paternos y  sevillana su abuela materna, Cristina, de la que tomó el  nombre.
 
Sus padres, José y Elisa, se habían casado en 1888 en la Iglesia de San Marcos de Sevilla. Tenía él entonces 24 años y ella 20. José era de profesión ebanista y se supone con fundamento que trabajaría en el taller llamado Olaya y Govea, que en el 1889 realizó un paso para el popular Cachorro de Triana.
El traslado de la familia a Huelva obedece a las mejores perspectivas de trabajo que le ofrecían en la capital onubense. En diciembre de 1894 llega el segundo hijo llamado Rafael, que morirá a los ocho meses el 11 de julio 1895.
 
Dolor para los padres la muerte de un hijito; y dolor y lágrimas para Crstina por la muerte de su primer hermanito.
 
Muy pequeña aún Cristina <<descubrió -como ella contará años más tarde- que existía un ser supremo, al que ella adoraba y contemplaba en silencio, apartada en unos de los rincones del taller de carpintería de su padre. Todos creían que jugaba, como era natural y propio de su edad. Así la dejaban tranquila y ella oraba y se compenetraba con ese ser supremo que tanto la atraía>>
 
La posición económica de la familia en este tiempo aparece como buena, además de tener un taller artesano, tendría don José <<una industria de talla y ebanistería, que abstecería a la sociedad onubense de bellos objetos artísticos, de los que desgraciadamente no conocemos su paradero>>. El 5 de noviembre de 1901 nace un nuevo vátago de José. Murió a los tres meses, el 14 de febrero se 1902.
 
El nacimiento del segundo varón de la familia, José, afectó seriamente la salud de Elisa, que murió el 15 de marzo de 1902, al mes y un día de la muerte del niño. Cristina queda huérfana a los 12 años, privada tan temprano del inmeso cariño de su madrecita.
 
Don José trató de remediar la doble adversidad que le había sobrevenido, la suya personal y la de la hijita. Puso fin a su viudedad y quiso dar una nueva madre a su pequeña, casándose con Dolores Oliveras, hermana de su anterior mujer. El primer hijo del nuevo matrimonio nació en junio de 1904. Se llamará José, como el padre. En 1906 les nace otro al que pone el nombre de Rafael; y en noviembre de 1907 uno más que se llamará Emilio, este fallece a los nueve meses, en julio de 1908. Son llamativos los cambios de domicilio, esto induce a pensar que el negocio de ebanistería de José estaba en franca decadencia. La situación económica de la familia  que sigue empeorando; se  suma la enfermaedad que padece; tuberculosis. Ya enfermo tuvo a su última hija María de la Salud, nacida el 28 de noviembre de 1911.
 
La enfermedad terminó con la vida de José de los Reyes, a la edad de 49 años. Muy pronto, demasiado pronto para su edad, Cristina se tuvo que poner a trabajar para ayudarse a sí misma y ayudar a los suyos en extrema necesidad.
 
Cristina se hace madre de los niño, el  nuevo matrimonio de su  padre le da tres hermanos: Pepe, Rafael, Salud. Cristina  los amó con locura y, como mayor  se cuidó de ellos como si fueran sus hijos. Todo será para<<mis niños>> Trabajó, se esforzó, enfermó, se ingenió y hasta mendigó para que nada les faltase. Aunque pobres, siempre los quería limpios y bien vestidos. Ni si quiera consetía que a sus niños no les trajesen regalos los Reyes.
 
Cristina, que al amar amaba para siempre, quiso con ternura creciente a este <<manojo de almas>> que Dios puso en sus manos. Se cuidó de que fuesen buenos cristianos, se preocupó de su suerte, les ayudó cuanto pudo; su relación con ellos fue permanente hasta el fin. Ese cariño de sus hermanos se fue transmitiendo después a las familias que cada uno de ellos ha ido formando, todos los cuales entraron con el  mismo ardor en el corazón de esa mujer sin familia y con tanta familia.
 
Cristina se coloca en la Fonda Avalo de Huelva, como ayudante en labores de costura, hasta que viendo su buena índole y espíritu de trabajo fuen nombrada algo así como la responsable del personal.
 
Se distinguió enseguida por su profunda religiosidad. Ejercitándose en la oración, Cristina experimentó en sí misma algunos fenómenos místicos, como éxtasis, que no pudo evitar que algunas veces tuvieran lugar en público, en la misma fonda. Esto hizo que se difundiera la fama de alma mística por los alrededores. Se le llegó a conocer como <<la santa>> del lugar.
 
Este halo de santidad  le sirvió  a Cristina para hacer apostolado en torno suyo, en especial entre las criadas a las que enseñaba a adorar y amar a Dios y a las que entretenía en las tardes de los domingos y fiestas con juegos ingeniosos para librarlas de los peligros en que se podrían encontrar fuera en el frivolo ambiente de la época.
En Huelva, Cristina tuvo la suerte de hacer conocimiento y compenetración con una exelente familia: los Giráldez. Esta amistad se plamó principalmente en las hermanas: Angelina, María y Africa Giráldez.

Era una familia sumamente  religiosa y este matiz les aglutinó en amor y espíritu para toda la vida. Africa ingresó en las religiosas agustinas de Avila, en el monasterio de Santa María de Gracia, en el que estuvo Santa Teresaa de interna.
Las Girádez hicieron además mucho favor a Cristina como bienhechoras, a las que en apuros acudía ésta con la confianza de tan antigua e íntima confraternidad:
-<<¿No somos hermanas. -les escribía en 1952;- más unidas que si fuéramos de sangre? Pues estamos unidas en el amor de Cristo, de muchos años. El amor de Cristo es cada vez más fuerte>>.
 
 Las Hermanas Girádez se dirigían espiritualmente con el agustino padre José Agustín Fariña (1879-1936) y por ellas también Cristina se puso bajo su dirección espiritual.

El padre Fariña era religioso culto y espiritual, residente por entonces en el convento de agustinos de Calahorra en el período en que Cristina le conoció y trató en Huelva. Más tarde le destinaron al monasterio de Orden en el Escorial. El buen agustino guió el alma de Cristina en un tiempo muy delicado en que la vida de oración de ésta presentaba ribetes místicos muy señalados. Probó discretamente su espíritu dejando actuar a la gracia.

Por una carta del agustino de años más tarde, podemos intuir la vida espiritual de Cristina en este tiempo y un cierto aire de <<sobre-naturalismo>> que ya le rodeaba.
 
A primeros de septiembre de 1920, como fruto de su aplicación, logra escribir una cartita al P. José Fariña: << Muy respetable padre y querido en Jesús>>  <<Ya sé yo de cartas; sí padre, la VIRGEN Y EL DICCIONARIO.>>  le ruega por Jesús y María que guarde <<profundo secreto, de todo, de todo, de todo, como está mi alma sucia. Sí P. José. Más nosotros debemos gloriarnos en la CRUZ de nuestro Señor Jesucristo>>. El Padre Fariña continuó dirigiendo a Cristina en el Carmelo hasta que en el 1936 murió martir con los agustinos de el Escorial.

Debió ser en el 1919 cuando Cristina conoció a la señora Ana Ramos. Dos hijas de doña Ana, Cayetana y Dolores, iban a hecerse carmelitas descalzas. Enterada la madre de que Cristina tenía intención de abrazar la vida religiosa, decidió ayudarla, ya que no tenía posibilidades para costearse la dote requerida. Nunca olvidará Cristina este gran favor que le hizo doña Ana,  en una de sus cartas se lo recuerda<<aunque tan ruda, no puedo olvidar lo que le  debo, cada día crece en mí la gratitud a la que debo todo este bienestar que tengo. ¿Cómo la había de olvidar?>>

No había duda de que Cristina <<la santa>>, había de terminar ingresando como monja en algún convento. La vocación religiosa parecía conatural a su destino. El P. Fariña visitó a Cristina en Huelva y le dijo: <<Cristina, tienes dos dotes; uno para agustina y otro para carmelita; en los dos sitios te esperan. ¿A  cuál  te inclinas?. Y ella le contestó:  "Me inclino un poco más a las carmelitas".>> El padre, sorprendido, le dijo: <<Nunca manifestaste deseo de ser religiosa.>> A lo que ella contestó: << Porque hasta ahora no me había llamado Dios, pero ya no puedo más>>.

 Cristina se llevo buena parte de enero de 1921 recogiendo los papeles necesarios para presentarse y ser admitida en el monasterio. Con toda la documentación en regla y todo lo demás necesario, se encamina Cristina al monasterio. Le acompañan desde Huelva hasta Ogíjares doña Ana Ramos y sus hijas Cayetana, Anita y Petra. Ya en el monasterio se encontraba otra hija, Dolores con el nombre de María Auxiliadora.
En el Convento de Carmelitas Descalzas  de la Sagrada Familia en la Granja de María Luisa en el término de Ojígares (Granada), ingresó Cristina de los Reyes el 24 de enero de 1921. Apenas entró en clusura, abrazandose a la madre priora, Teresa de Jesús, le dijo: <<Hija mía Nuestro Señor la trae para que me ayude>>, Ella le contesta: <<Ay Madre, cómo se ve que no me conoce Vuestra Reverencia>>.
Confianza de madre, humildad de hija. No la conocía ciertamente, pero acertó con el vaticinio.

Solía contar Cristina que, aunque era  tan pobre y tan ruda, las ganas que tenía de entrar en el Carmelo eran inmensas,y que fue tal el gozo que sintió al sentir que detrás de ella se corría el cerrojo de la puerta conventual, que exclamó llena de emoción: << ¡Para siempre, Señor, para siempre!>>

Muy pronto se notó su eficacia. Un caballero santo, don Nemesio García Arévalo, por gracia y donación a la hermana Cristina, costeó la edificación de un nuevo pabellón en la Casa, que cerrando el patio central fue el feliz remate de este hermoso convento de la Granja. Así comenzó la serie de servicios de esta monja que será conocida como <<Cirineo de las prioras>>.
El Padre Fariña director espiritual de Cristina escribe a la maestra de novicias, y pasa a tratar algunos puntos <<de nuestra común novicia>>. El primero: << El Espíritu de Dios inspira siempre a esas almas secreto, secreto y  secreto. Sobre todo en Cristina es lo que más admiro: su discreción en el hablar; la profundidad de su secreto.>> Toda prudencia va se poca. Por el análisis que hace acto seguido, nos damos cuenta de lo que ha sido la vida anterior de esta criatura bajo la dirección espiritual de Fariña, durante dos o tres años. Pone en guardia a la maestra: << Si empieza a propagarse por Granada y esa región lo de Cristina, tendremos de nuevo sometido su espíritu a la curiosidad y a las discusiones de los hombres. Unos creerán; otros negarán; otros se burlarán, etc., y esto peor entre sacerdotes que entre nadie.>> La expresión que ha usado: <<Lo de Cristina>> está apuntando a fenómenos extraordinarios, éxtasis, revelaciones, locuciones con la Virgen, etc.
Para evitar todos estos inconvenientes que pueden perturbar el espíritu de la novicia y la paz de comunidad, aconseja: << Cristina debe desarrollarse escondida, lo más escondida y secretamente que se pueda; así obrará más Dios en ella. La prudencia y otras razones de conveniencia les dictarán lo oportuno en esta materia.>> Así conviene portarse por que se refiere a la gente de fuera. También han de tomar sus precauciones las novicias y demás relogiosas del convento frente a Cristina: << No den importancia a nada de los Cristina, y que al contrario lo echen a broma>> Aclarando un poco más  <<Una de las cosas primeras que notarán es que, hablando, riendo, etc., de repente se queda fuera de sus sentidos. Aquí hay tres misterios;  el primero que son pequeños éxtasis; el segundo es que se queda en ese estado cuando va en auxilio de alguien; y el tercero, que a veces pierde  el sentido por la fuerza de un dolor que le viene al cerebro enfermedad de su señorita Dolores que supongo continuará teniéndola ahí>>
 
El 22 de julio de 1922 la priora eleva una petición al visitador general de religiosas, explicándole que << durante el tiempo que ha permanecido este convento  ha dado pruebas de vocación al estado religioso y reuniendo las condiciones para ello, a V.S. suplica se digne conceder su licencia para ponerla a votos y pueda vestir el hábito de nuestra orden para religiosa de coro >>. El 12 de julio de 1921 se hizo la votación preceptuada para la toma de hábito de la postulante y por votos secretos quedó aprobada para comenzar el año canónico del noviciado y para vestir el hábito de la orden. Se anuncia la ceremonia de vestición será el 15 de agosto y, con el permiso del arzobispado le impodrá el P. Fariñas. El mismo día toma también los hábitos Ángeles de Jesús Sacramentado ( Cabrera Carrasco), su amiga Cayetana Arrayás Ramos, que se llamará María Inmaculada de Jesús Sacramentado.
 
Con la toma de hábito comenzaba el año de noviciado. A lo largo de esos meses, a la novicia, aparte la instrucción adicional de primeras letras que estaba necesitando, se la fue formando en espíritu de la orden, estudiando la Regla y las Constituciones, ejercitándose en la oración, aprediendo bien lo que se refiere a los votos y a las virtudes, ejercitándola en la práctica de las virtudes y en extirpación de los defectos.
 
El 20 de agosto de 1922 realiza la profesión de votos simples de manos de la madre priora Teresa de Jesús, le impuso el sagrado velo el Rvdo P. Fariñas. Emitió sus votos con la formula siguiente:
 << Yo la Hna. Cristina de Jesús Sacramentado hago mi profesión de votos simples temporales conforme a los Sagrados Cánones y prometo obediencia, castidad y probeza a Dios Nuestro Señor, a la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, a nuestro Superior y a sus sucesores, según la Regla Primitiva de la Orden de Carmelitas Descalzos >>.
 
A los siete meses de su profesión le sobreviene una enfermedad que le lleva al borde de la tumba.
En aquellos años veinte hacía furor en todo el  mundo la carmelita descalzas de Lisieux, Teresita del Niño Jesús. Como lluvia de rosas se sucedían los milagros por su intercesión.
Uno de ellos ocurrió en el Carmelo de la Granja y justamente en la persona de la hermana Cristina. Tuvo lugar en la noche del 2 de abril de 1923.
El médico de la comunidad y la priora del convento testificaron la verdad de esta curación operada en favor de nuestra hermana. Veamos aquí el relato que de esta gracia hizo propia Cristina y que se envió a Lisieux:
<< Desde el día once de marzzo del presente año (1923), venía experimentando grandísima angustia y malestar producido por la enfermedad llamada Apendicitis con otros males y complicaciones. El mismo día once sufrí tan intenso dolor de vientre, que llegué a perder la vista durante varios ratos y hasta creí que se me acercaba la muerte por la que tanto suspiraba. Estaba muy mal de los riñones y descompuesta en todo mi estado general. Así continué hasta el dos de abril.
Por la noche de este día, vino a nuestra celda N.M.R. Madre Priora, y encontrándome peor que de costumbre, con palabras de imperio me dijo: <<Hermana María Cristina, esto no pude continuar de esta manera: Le mando que pida la salud para su caridad>>. Como nunca había pedido la salud para mí, le contesté: << Si parece bien a V.R. pediré mejorarme o morir>> -<< Pida la salud>> me replicó y se marchó.
Ya sola y resistiendo a mi vehemente deseo de morirme, empecé a orar de esta forma:  "Dios mio dadme la salud, pues ya ves cómo me obliga la santa obediencia". Así me pase hasta las once y media o doce menos cuarto; a esta hora y encontrándome peor que nunca, oí una voz dulcísima que me decía: " Hermanita mía, a todos los actos de comunidad", Incorporándome entonces vi a mi lado y junto a mí, a mi queridísima Hna. Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz a quien hace tiempo había yo tomado por enfermera de mi alma. Esta graciosísima, de enfermera, con delantal azul y sus manguitos. Como hora de silencio, no hablamos más; pero como el santo silencio no prohibe mover las manos, nos hartamos de dar abrazos y besos. Levatándome al instante, me sentí completamente curada, y así continúo asistiendo a todos los actos de la comunidad.
Así lo juró para gloria de nuestro Señor y honor de la venerable Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, en nuestro convento de la Sagrada Familia, a 18 de abril de 1923: Hna. María Cristina de Jesús Sacramentado.>>
 
Cristina<<la mendiga de Jesús>>.  Esta frase señala suficientemente bien el gran carisma de pedir que tenía. A la pobre Cristina le repugnaba ese menester de pedir y pedir. Lo llegó a hacer con tanta frecuencia e insistencia por obediencia a las superioras de modo que llegó a ser lo que alguien ha llamado <<cirineo de la priora>>, <<la mendiga de Jesús>>y <<la madre oculta>>, como ella se autocalificada. Tenía esta criatura un modo tan directo y tan alegre y al mismo tiempo tan santamente <<descarado>> de suplicar y pedir las cosa, que no había quien se le resistiese.

Dada la tensa situación que se había creado en el seno de la comunidad carmelitana de la Granja, era necesario buscar una providencia que resolvieraa el problema en bien de la paz sin daño para las personas. Todo se logró pacíficamente con una fundación que presentaba todos los visos de providencial: la de San Fernando (Cádiz).
Con esta medida se conseguía erradicar la causa de inquietud en torno al Carmelo de la Granja y se salvaba para la Orden la vocación de la hermana Cristina.
Se escogió para llevar este plaan la ciudad de San Fernando principalmente por haber aquí un convento de padres carmelitas descalzos que desde el principio brindaron su aprobación, colaboración y asistencia ministerial y espiritual a la nueva comunidad.

Para preparar sobre el terreno la fundación de las carmelitas descalzas de San Fernando(Cádiz) llegaron desde Granada el 30 de abril 1946 la madre Trinidad de San Juan de la Cruz y la Hermana Cristina de Jesús Sacramentado.
Se instalaron provisionalmente en el colegio de la Compañía de María de esta ciudad para dirigir los preparativos del nuevo convento.
Evitar el ruido en torno a Cristina fue una de las causas de esta neva fundación, donde al ser desconocida podría pasar desapercibida dejando en paz a ella y a la comunidad. Para ello se comenzó a simplificarse su nombre llamándola simplemente: María. Pero poco duró el artificio, descubriéndose pronto ssu verdadera personalidad, y con el tiempo se hizo tan popular en la Isla como en la Granja. 
 Después de muchas vicisitudes la acomodación de la casa a monasterio se terminó en septiembre dado el decreto episcopal de erección canónica del monasterio el 5 de septiembre de 1946  y el 12 de octubre del mismo año autoriza el obispo de Cádiz-Ceuta don Tomás Gutiérrez Díez a pernoctar en el convento, ese mismo día se despiden de las religiosas de la Compañía de María, en cuyo colegio habían estado hospedadas. Ese  mismo día también salen de Ogíjares, llegando a San Fernando a media noche en el rápido, las otras cuatros hermanas que fueron destinadas a la fundación: Concepción del Niño Jesús (Isabel Cuesta Bernal), María Auxiliadora de Jesús Sacramentado( Dolores Arrayás Ramos), Carmen de la Santísima Trinidad ( Carmen Molina Plata) y Dolores del Sagrado Corazón de Jesús (Dolores Camacho Martínez).
El día 13 por la tarde Pedrro del Niño Jesús, vicario provinciaal de los carmelitas descalzos, bendice, por delegación de Señor obispo, primero de la capilla, después del coro y demás dependencias del convento. Bendijo también la campana grande, que se llama Josefina. El Obispo había fijado la inauguración del convento el 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa.