Blog OFICIAL de la Real y Venerable hermandad Sacramental, Carmelitana, Fervorosa y Devota Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, María Santísima de la Piedad, Santa Mujer Verónica y Santos Cosme y Damián

ESPÍRITU CARMELITA

En el Medioevo muchos cristianos querían unirse a las Ordenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas. Surgió un laicado asociado a ellas mediante las Confraternidades. 
Las Ordenes religiosas trataron de dar a los laicos un signo de afiliación y de participación en su espíritu y apostolado. Este signo estaba constituido por una parte significativa del hábito: capa, cordón, escapulario. 
Entre los Carmelitas se estableció el Escapulario, en forma reducida, como expresión de pertenencia a la Orden y de compartir su devoción mariana. 
Actualmente el Escapulario de la Virgen del Carmen es un signo aprobado por la Iglesia y propuesto por la Orden Carmelitana como manifestación del amor de María por nosotros y como expresión de confianza filial por parte nuestra en Ella, cuya vida queremos imitar. 
El "Escapulario" en su origen era un delantal que los monjes vestían sobre el hábito religioso durante el trabajo manual. Con el tiempo asumió el significado simbólico de querer llevar la cruz de cada día, con los verdaderos seguidores de Jesús. En algunas Ordenes religiosas, como el Carmelo se convirtió en el signo de la decisión de vivir la vida como siervos de Cristo y de Maria. 
El Escapulario simbolizó el vínculo especial de los Carmelitas a María, Madre del Señor, expresando la confianza en su materna protección y el deseo de seguir su ejemplo de donación a Cristo y a los demás. Así se ha transformado en un signo Mariano por excelencia. 
El Escapulario, signo mariano
El Escapulario ahonda sus raíces en la larga historia de la Orden, donde representa el compromiso de seguir a Cristo como María, modelo perfecto de todos los discípulos de Cristo. Este compromiso tiene su origen lógico en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios. 
El Escapulario introduce en la fraternidad del Carmelo, es decir en una gran comunidad de religiosos y religiosas que, nacidos en Tierra Santa, están presentes en la Iglesia desde hace más de ocho siglos. 
• Compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa, que es la amistad íntima con Dios a través de la oraciòn 
•Pone delante el ejemplo de los santos y santas del Carmelo con quienes se establece una relación familiar de hermanos y hermanas. 
•Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna por la intercesión de María y su protección.
 

                                                                                    ( Articulo publicado en el Blog del Carmelo Joven)

 

 

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TESTIMONIO DE NUESTRA VIDA CONTEMPLATIVA 

Carmelitas Descalzas de San Fernando. Cádiz.

Nos gustaría que este sencillo testimonio de nuestra vida fuera como abriros lapuerta de nuestro monasterio a todos los que os acerquéis a esta página, que sea algoasí, como si las paredes de nuestro convento se hicieran transparentes y ospermitieran entrar en ese mundo escondido tras la clausura, que quizás os parece misterioso.¿Qué hacemos, cómo vivimos? Lo primero que veríais al entrar en nuestro convento es un patio, como los detantas casas de esta bonita tierra isleña, con flores, lleno de luz y alegría; pero en elque se siente un silencio y una paz tan distinta y especial, que nos hace pensar: Diosestá aquí, esta es su casa.Aquí, en el nº 224 de la calle Real, vivimos las 14 hermanas que ahora formamosesta comunidad de Carmelitas Descalzas de esta ciudad de San Fernando, tan carmelita, que se honra de tener a la Virgen del Carmen por Patrona.Podríais vernos, como cualquier día, a cada una recogida y en silencio, muy atareadaen sus quehaceres. Una en la sacristía cuidando con esmero que todo esté a puntopara el culto de la Capilla. Otra en la cocina, guisando con todo cariño la comida yprocurando que salga buena. Otra lavando y tendiendo, cosiendo, recibiendo a laspersonas que vienen a nuestro torno… Algunas hermanas por su salud o edad, ya nopueden trabajar. Ellas ofrecen al Señor con todo cariño sus dolores y los límites quetoda enfermedad trae, orando constantemente al Señor por todos. También a ellas lasatendemos varias hermanas.Así, recorriendo las dependencias de nuestro convento podríais descubrir, personasnormales que viven como una familia; que comen, duermen, atienden a lasnecesidades de una casa; que trabajan para vivir y que, sobre todo, se reúnen muchasveces para orar, leen y estudian sobre las cosas de Dios, se alimentan con la Escrituray los Sacramentos, y aunque cultivan el silencio y la soledad, viven en comunión conla Iglesia y unidas a todos los hombres, sus hermanos.Una casa sencilla, personas sencillas. Y una vida ordinaria, sin grandescomplicaciones.Esto es lo que hacemos, esto lo que podríais percibir; esa vida desconocida que seoculta detrás de los muros de la clausura. Y… ¿esto es todo?. Sí, esto es todo lo queveríais con estos ojos de carne. Esto y un no sé qué, de paz y alegría, que no se sabedecir cómo es.Es que, lo más bonito de nuestra vida, no se ve con estos ojos de carne. Solo sedescubre con los ojos de la fe. 
Lo más bonito de nuestra vida pasa en el interior decada hermana, en la intimidad de su ser, en ese santuario interior que todos tenemospor ser persona humana, y que es lo que nos hace tan valiosos.Lo más bonito de nuestra vida se vive en la fe y desde la fe, que nos descubre a Diostan vivo y real, tan junto a nosotras en cada instante, que aunque, en verdad no vemos a Jesucristo, lo amamos con todo nuestro corazón, creemos en El y nos alegramoscon un gozo, tan grande, que llena de sentido y plenitud toda nuestra existencia. Estoes lo más grande en nuestra vida, que un día Dios se hizo presente en ella, nosenamoró como El sabe hacerlo, y nos llenó tanto de El, que ya no pudimos vivir másque con El y para El, siempre con El.Nuestra vida es vida escondida, sí es verdad, hasta para nosotras mismas que lavivimos. Solo el Señor sabe de verdad la hermosura que cada hermana esconde en sí.
Cuánto le ofrece al Señor, cuánto amor y entrega va encerrado en las pequeñasacciones que realiza cada día. Santa Teresita del Niño Jesús decía que Dios no tienenecesidad de grandes acciones sino solo de nuestro amor. De ese amor puro que nopretende ganancia ni premio, sino solo perderlo todo y a sí mismo en su voluntad porDios; y esa tiene por su ganancia. Ese amor que en todo lo que realiza no busca daralgo, sino darse a sí mismo, entregarse.Esta es nuestra vida, y nuestra verdadera ocupación. Y este nuestro mayor deseollegar a tener este amor, cueste lo que cueste. Para ello no necesitamos ser personasextraordinarias, solo necesitamos tener un corazón sencillo, que reconoce agradecidolos dones que de Dios ha recibido y también sus límites y su condición pecadora quele lleva muchas veces a hacer lo que no quisiera; solo se necesita buena voluntad yestar tan enamoradas, tan agradecidas y contentas de que el Señor nos haya llamadoque todo nos parezca nada lo que podemos hacer por responder a Su amor.
Santa Teresita cuando comprendió esta verdad se llenó de alegría.El amor le dio laclave de su vocación. En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor. Se diocuenta que un poquito de este puro amor es más precioso delante de Dios y másprovecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas las obrasgrandes del servicio de Dios juntas si no nacen de aquí. Que nuestras pequeñasacciones en las manos de Dios adquieren un valor inmenso que se convierte en unalluvia fina que se derrama constantemente sobre los hombres y no se dan cuenta, perova calando. Una bendición continua para todos.
Esta es la vida contemplativa, la que sabe descubrir en lo cotidiano de la vida aDios con los ojos de la fe. La que sabe cuánto nos ha amado Dios y cuánto nos ama acada uno personalmente. El gran tesoro que desde el Bautismo y por nuestra dignidadde personas creadas a su imagen hay encerrada en nuestra vasija de barro y el fin deamor para el que hemos sido creados.Esta es la vida contemplativa la que sabe que siempre hay un más allá maravillosodetrás de todo lo que percibimos con nuestros ojos de carne. 
Y que es posible llegar ahí y no quedarnos en la superficie de las cosas. Solo hay que saber vivir de fe. Solohay que dejar que Dios sea Dios en nuestra vida, solo hay que saber dejarle las manoslibres y entregarnos para que pueda hacer con nosotros obras grandes, llenarnos de suVida y de su Amor. Si nosotros buscamos a Dios mucho más nos busca El a nosotrosy desea darse sin medida, colmarnos de su felicidad.Ahora ya sabéis qué hacemos y cual es nuestro mayor deseo.
Es un regalo muy grande estar aquí, aunque a quién no ha recibido este don le puedaparecer que es estar encerrada.Pedid al señor que no perdamos el tiempo, que nos demos del todo, que sepamos confidelidad vivir nuestra hermosa misión en la Iglesia.Y pedidle que los ojos de la fe estén tan abiertos en nuestro pueblo que haya muchosjóvenes que sepan ver esa mirada de amor de Jesús que los invita a seguirle.
En todas las vocaciones, lo importante es que Dios sea amado y puedan saborear ensu vida lo bueno que es el Señor y lo felices que hace a los que llama para vivir en sucasa alabándole siempre.
Que el Señor os bendiga a todos.


Todos los Santos de la Orden

Javier de la Cruz

La fiesta todos los santos de la Orden no tiene ningún origen especial, asume una práctica común a la vida monástica y demás ordenes religiosas, recordar y orar por los que nos han precedido en la vida carmelitana.
Desde la Edad Media se enseñaba lo que debían ser los deberes de todos los hombres, también de los religiosos: Amar primero a Dios; rezar por los muertos, por todos los muertos, especialmente, por los domésticos, los prójimos, los parientes, los bienhechores; recordar e imitar a los Santos. El Carmelita Bostio, en el sigo XV, afirmaba que "los verdaderos hijos o hermanos de los santos no son aquellos que están unidos con lazos de sangre, sino aquellos que imitan sus obras".
En un pequeño poema Santa Teresa invitaba a sus monja a caminar hacia el cielo: Caminemos para el cielo, monjas del Carmelo. Esto es lo que celebra la Orden del Carmen el 14 de noviembre con la fiesta de todo los Santos de la Orden, el fin del camino o de la peregrinación.
Es una fiesta de gozo y alegría, pues recordamos el triunfo de aquellos a los que sentimos como hermanos, con los que hemos compartido la misma vocación en el Carmelo.
El tener memoria, el recordar a los que nos precedieron, y el ser agradecidos, con ellos, a ellos, por ser modelo y estímulo para nosotros, y a Dios, que ha hecho de ellos sus mejores amigos, crea el sentido de familia y de comunión, que va más allá de compartir unas misma estructuras jurídicos legales, y que se manifiesta en compartir un mismo estilo de vida.
Las constituciones que rigen la vida de los Carmelitas descalzos recuerdan que "en la gesta de nuestros Padres santos pasados, vemos no sólo hechos de un ayer le¬jano, sino también el esbozo y proyecto providencial de nuestra vida en la Iglesia de hoy". Esta pluralidad de formas de santidad que encontramos en la Orden del Carmen pone de manifiesto la riqueza de la misma al haber sabido aunar la "la fidelidad a la tradición espiritual del Carmelo con un afán de renovación permanente", elementos heredado de Santa Teresa
Santa Teresa al plantear su obra fundadora, mirando hacia el pasado, a los orígenes, la enraíza en "continuidad con el Carmelo", asumiendo de él la devoción a Virgen María -"la Madre y Señora de la Orden, modelo de oración y abnegación para el camino de la fe, entregada en alma y cuerpo a la escucha y con¬templación de las palabras del Señor"-, así como "la comunión con los mode¬los bíblicos, profetas y santos Padres del Carmelo". Pero no miró hacia el pasado de forma arqueológica, como algo cerrado, sino de manera creativa, reinterpretándolo en su tiempo, mirando hacia adelante, asumiendo la preocupación por la Iglesia y el deseo de salvar almas, con lo cual dio nacimiento a una nuevo etilo de vida religiosa, que perdura hoy en la Iglesia.

Este es el mensaje de la fiesta de los Todos los Santos de la Orden: "ser nosotros como ellos".













TODO EL MUNDO ME QUERRÁ
Esta carmelita jovencísima, tierna como una gacela enamorada, que es Santa Teresa de Lisieux, se ha llevado de calle a España. Ya lo dijo ella proféticamente en la enfermería de su monasterio, cuando se moría a chorros: Todo el mundo me querrá. Una verdad lapidaria en los primeros balbuceos de este mundo nuestro del tercer milenio.

Esta foto recoge el momento de estancia de las Reliquias de la Santa en el monasterio de las Madres Carmelitas de Ntra. Sra. de las Maravillas en Madrid. Fue el día 12 de octubre de 2003. La rodean sus hermanos de carisma y capa blanca haciéndole cortejo. He aquí sus nombres para la historia. De izquierda a derecha: P. Antonio Ruiz Molina, P. José Ramón Medina Madueño, P. Elías Sánchez Rodríguez, Fr. Jorge Beltrán López (de pie), Fr. José Manuel Granados Rivera, P. Francisco Pérez Zambrano, Fr. Fernando Barbero García, Fr. Thomas Feiten (agachados), Fr. Miguel Ángel Díaz Moreno, y Fr. Antonio Fernández Segovia (de pie).

La esencia del Carmelo es un amor encendido en llama de amor viva a Jesucristo, que dijo con acento único el místico alado Juan de la Cruz, siguiendo los ejemplos de nuestro padre espiritual, el profeta Elías, y de la Virgen María. El corazón y la fuente de la espiritualidad carmelita es la contemplación, la margarita preciosa de la que habló la recia monja castellana, Teresa de Jesús. La expresión de nuestra vida es la oración, fraternidad y servicio al pueblo de Dios. 

Teresita es la niña pequeña, amada por toda la familia, que se ha encaramado como corazón y Doctora de la Iglesia universal.




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Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)

Carmelita descalza, doctora de la Iglesia

Acta de ofrenda al Amor Misericordioso

«Comparecer de pié ante el Hijo del hombre»

¡Oh, Dios mío, Trinidad Bienaventurada!, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las almas... Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y alcanzar el puesto de gloria que me habéis preparado en vuestro reino. En una palabra, deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, ¡oh, Dios mío!, que seáis vos mismo mi santidad.

Puesto que me habéis amado, hasta darme a vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos; os los ofrezco gustosa, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor.

Os ofrezco también todos los méritos de los santos (los que están en el cielo y en la tierra), sus actos de amor y los de los santos ángeles; por último, os ofrezco, ¡oh Trinidad Bienaventurada!, el amor y los méritos de la Santísima Virgen, mi Madre querida; a ella le confío mi ofrenda, rogándole que os la presente. Su divino Hijo, mi Esposo amadísimo, en los días de su vida mortal, nos dijo: “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederá”. Estoy, pues, segura que escucharéis mis deseos; lo sé, ¡oh, Dios mío!, cuanto más queréis dar, más hacéis desear. Siento en mi corazón deseos inmensos y os pido confiadamente que vengáis a tomar posesión de mi alma. ¡Ah!, No puedo recibir la sagrada comunión con la frecuencia que deseo; pero, Señor, ¿no sois vos Todopoderoso?... Permaneced en mí, como en el tabernáculo, no os alejéis nunca de vuestra pequeña hostia...

Quisiera consolaros de la ingratitud de los malos y os suplico que me quitéis la libertad de disgustaros; si por debilidad, caigo alguna vez, que inmediatamente vuestra divina mirada purifique mi alma, consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego, que todo lo transforma en sí...

Os doy gracias, ¡oh, Dios mío!, por todos los favores que me habéis concedido, en particular por haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento. En el último día, os contemplaré con alegría, llevando el cetro de la cruz. Puesto que os habéis dignado darme en lote esta cruz preciosa, espero parecerme a vos en el cielo y ver brillar sobre mi cuerpo glorificado los sagrados estigmas de vuestra Pasión...

Después del destierro de la tierra, espero ir a gozar de vos en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el cielo, sólo quiero trabajar por vuestro amor, con el único fin de complaceros, de consolar a vuestro Sagrado Corazón y de salvar almas que os amen eternamente.

En la tarde de esta vida, compareceré delante de vos con las manos vacías, pues no os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a vuestros ojos. Quiero, por eso, revestirme de vuestra propia Justicia, y recibir de vuestro amor la posesión eterna de vos mismo. No quiero otro trono y otra corona que a Vos, ¡oh Amado mío!

A vuestros ojos el tiempo no es nada, un solo día es como mil años; podéis, pues, prepararme en un instante, a comparecer delante de vos...